TENTACIÓN IRREMEDIABLE
Aquel día Alfonso me vio por la cam y no quiso perder un minuto en hacerme una proposición más directa para quedar en vivo y directo. Que me mostrara sus encantos a través de la videoconferencia no hizo sino terminar de convencerme. Resultó, paradógicamente, que estábamos tan apenas media hora de camino y quedamos en un punto intermedio.
Me pidió que fuera vestida tal cual me había visto y me indicó la forma en la que podía reconocerlo en la cafetería en la que nos habíamos citado. Tuve que esperarlo como diez eternos minutos mientras me puse a leer el periódico en una mesa. Al oir el móvil pegué un sobresalto poniéndome depie y mientras lo buscaba en el bolso, el chico que estaba sentado detrás mío me pegó un cachete en el trasero. No le puse muy buena cara aunque sonrió y dijo:
-Yo soy Alfonso. He estado observando tus gestos, como te tocabas el pelo, las piernas y solo de mirarte ya estoy alteradito perdido - me acarició la mejilla.
- No soporto esperar cielo, soy muy impaciente - le saludé con dos besos y me apreté fuerte contra él.
Nos dirigimos hacia el parking y por el camino estaba bastante excitada. El me iba contando que no se imaginó mi atrevimiento de ir tan escotada y con esa minifalda, que si estaba pasando frío. Negué con la cabeza puesto que estaba ardiendo de deseo por tenerlo a mi exclusiva dedicación. Era tan delicioso sentirme así de deseada y saber que lo nuestro era solo un encuentro para darle rienda suelta a nuestra calentura. Me sentía como la gran puta que me he vuelto.
- Espérame aquí que voy a sacar el coche - susurró.
Al rato volvió, para mi deleite, con un manojo de llaves en la mano. Le hizo una señal al chico de la cabina y éste sonrió, como si fuera lo más normal del mundo. Me condujo al cuarto que tienen ellos de descanso donde se podía entrever la taquilla, el cuadro de la luz, una pequeña cama y hasta un cuarto provisto de ducha. Pensé que era el fontanero, el electricista o que simplemente se dedicaba a la vigilancia. No obstante, eso no me importaba.
Me echó a la cama como si fuera una muñeca y ahí me desnudó mientras me besaba con pasión y encanto. No dejó de tocarme ni un milímetro de mi cuerpo porque quería sentir mi olor, mi tacto, mi todo. No quería romper ese embrujo seductor pero yo pasaba de algo romántico, quería una trama más salvaje.
Desabroché rápido su bragueta, aún tumbada bocarriba, para acercarme a su polla y me puse a mamarla como una desesperada. Era de buen tamaño aunque no tan grande como me gustaría, si bien su grosor compensaba con creces esa pequeña carencia. Me sugirió que cambiáramos de postura y se tumbó cual largo era con el fin de que me sentara sobre su boca deseosa de degustar mis aromas.
-Ahora mira hacia el otro lado y comémela guarra, como tienes el coño de húmedo, eres mejor y más viciosa que por la cam. Una diosa del sexo, mi sueño hecho realidad. Demuéstrame que te sabes portar bien y debórame el culito que tan cuidadosamente he preparado para tí - gobernó.
Así me coloqué para poner en práctica un 69 que me aceleraba tremendamente. Por primera vez me deleite chupándole a un hombre su ano y me excitaba ver como le causaba placer, su ojete me pidió un dedo y accedí encantada. Su lengua se aceleraba por mi buena actuación y simultáneamente me estimulaba de muy buen grado.
De repente tuve muchas ansias de meterme su verga en mí y le puse un preservativo que me costó un poco alcanzar. Andaba descontrolada y tan sumamente cachonda, que me la hubiera introducido de un plumazo. Cuando sentí que su pene entraba dentro de mi sentí un cosquilleo que me recorrió entera ante el placer de lo desconocido. Estaba en una postura en la que le daba la espalda, con las piernas bien abiertas y Alfonso me apretaba los pechos. Mientras, mis gritos no cesaban y tuvo que ponerme una mano en la boca. Sentía un confort delicioso. Cambiamos de postura y me coloqué como perrito y volvió a ensartármela hasta el fondo.
No contento con ello, cogió mi flujo de mi coñito humedo con un dedo y todo embadurnado me empezó a estimular mi agujero de atrás. Con suavidad y erotismo consiguió llevarme hasta el clímax al notar el roce de ambos miembros, debió ser el cúmulo de sensaciones placenteras.
- Asi me gusta, que vayas rapidito y corriéndote a las mil maravillas, zorra- comentó - Seguro que pronto alcanzas el segundo, ya verás como sí. Te lo voy a poner facil. Siéntate sobre ella clavándotela en el culo.
La pasee un poco entre mis flujos y me senté sobre ella muy lentamente. El quiso ayudar y pegó un empujón para enterrarla en su totalidad a lo que grité con un poco de angustia y sorpresa pero recuperé pronto la respiración... mirándole con cara de niña perversa que va a por todas. Seguí en mi intento hasta relajarme del todo y disfruté realmente gracias a mi insistencia y a lo lubricado que tenía todo.
Me rogó que me pusiera a cuatro patas para intentarlo así y, aunque estuviera bastante relajada y dilatada, esa postura me hizo volver a sentir un poco de molestia puesto que su polla gorda abarcaba más... y había más contacto con mi culo. Supo acompasar bien sus embestidas y me colocó sus manos en mi cadera para que llevara el ritmo hasta acostumbrarme a ese juego. Levanté el cuello y puse mis manos en mi pecho para centrarme en más movimientos, con lo que Alfonso alargó su mano hasta mi clítoris y le cogí gusto a impulsarme hacia atrás con el movimiento de mis glúteos... Me fascinó esa compenetración y aumenté la velocidad de mi cabalgada girada al mismo tiempo que sus dedos incrementaban los círculos sobre mi botón hinchado y excitado. Me iba a correr y busqué mi punto de apoyo con una mano, dejando a mi compañero que llevara el ritmo para estallar agusto de placer.
- Mmmm así jódeme bien el culo, me corro, me voy, no pares!! - grité con fuerza.
Con mis jadeos y retorciendo mi cuerpo por los espasmos, Alfonso siguió como medio minuto más, a un ritmo que rozaba lo salvaje y me azotó el culo exclamando:
- Esto es lo que no me deja hacer mi mujer, seguro que siempre estarás dispuesta para mí como la gran viciosa que eres. Te gusta a que sí? Ahora esto te va a gustar más, me voy a correr en la entrada de tu ojete mmmm. Abrete bien que voy.
Se quitó el preservativo y me hizo poner mis dedos rápidamente en la entrada de mi caverna trasera, quedando un pequeño sendero libre por el cual echó toda su lechada entre chirridos de gusto, haciendo un papel de loco poseído por el cúmulo de sensaciones y por el roce de mi apretado agujero.
Caímos exhaustos, se indispuso un poco y al poco rato me marché un poco descolocada por el comentario de lo de su mujer. Me encantó por un lado sentirme asi de guarra para que se aprobechara de mí aunque mi dignidad de mujer me transmitía otros sentimientos... Ahora solo mis impulsos me guiarán en los momentos adecuados puesto que realmente soy yo quien me aprobecho de ellos.
FECHA:
19/03/2007
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