MIS DATOS
TOP VIDEOS PORNO
TOP FOTOS PORNO
Quedamos nosotras en vernos el sábado pasado por la noche en un famoso restaurante de por aquí. Pregunté por la reserva y para mi sorpresa la mesa no tres... sino para dos!! Estefanía, su mujer, había sido la compinche principal y me sentí algo avergonzada. Echamos muchas risas esa noche e incluso empezamos a conocernos mejor
Con un poco de descaro, acercó su silla hacia a mí, me acarició el hombro y me dio un pequeño mordisquito en el cuello, el cual giré y repentinamente crucé mi mirada con Estefanía, que estaba sentada bastante cerca... Lejos de exaltarse, pasó su lengua por los labios y me sonrió lascivamente. Me entraron unos sudores, escalofríos y demás que me dejaron de piedra.
Tuve intención de marcharme y dejarles solos pero opté por pedir la cuenta primero, la cual no me dejaron abonar. Iván se hizo el despistado y me llevó al hotel que tenía reservado, casualmente, para continuar con lo que habíamos empezado. Como estaba un poco molesta, maquiné un plan para que no se olvidara de mí además darle un escarmiento.
Entramos a la habitación y no le permití que me plantara un beso con el que podríamos hacer "las paces". Le hablé un poco duro para que no se creyera más que yo ni con derecho a planear todo a su antojo.
Lejos de sentirse incómodo, le agradaba que lo tratara como a un travieso malcriado. Le ordené que se ocupara sólo de mi placer, que él no se merecía nada mejor... con lo que en ese momento noté como su pantalón se abultaba. Lo palpé por encima y noté una gloriosa erección.
Ya andaba súper húmeda de sentir como se rendía a mis órdenes... Sin saber por qué, Iván se arrodillo ante mí pidiéndome que le castigara por ser tan malvado y obrar por su propio pie, sin pedirme permiso.
Resultó ser que Estefanía lo llevaba a raya como un criado sumiso y estaba acostumbrado a complacerla y a quien ella le ordenara que lo hiciera.
Me beneficié de su condición y le ordené que me besara el cuello, alternando los besos con un buen chupeteo. Los escalofríos sacudían mi piel y me encontraba mucho más cómoda que cuando habíamos abierto la puerta de la habitación.
Le guié decididamente la cabeza a mis tetas, cogiéndole fuerte del pelo para que se detuviera en saborear el manjar que le tenía preparado. Estaba muy bien domesticado aunque le dictaminé que yo no era su mujer, que me tenía que hacer sentir muy especial y zorrita, que incluso debía llamarme como tal o algún adjetivo similar.
Le hice que trajera hielo para que me acariciara con él los pezones cuando se me puso la piel entera de gallina. Se sabía muy bien el truco y me fue a morder un pezón; sabía que me iba a gustar pero no lo estaba haciendo de la forma correcta.
- ¡Habla, cerdo! Dime qué soy para ti y cómo te sientes…
- Eres mi ama, señora. Y yo aquí estoy para rendirte el placer que te mereces –todo ello lo vocalizó sin mirarme a la cara puesto que tenía un comportamiento de sumiso y no se les está autorizados a mirar a los ojos de a quien complacen –Soy tu fiel esclavo hasta que lo desees, grandísima guarra.
- Entonces ahora sigue oliendo mis pezones y muérdelos con sutileza. Si me haces daño, te tiraré del pelo, ¿entendido?
- Sí señora.
Me demostró lo bien que sabía hacerme sentir en el séptimo cielo y se pegó un banquete de tetas a la vez que jadeaba como una perra. Sólo le tuve que tirar del cabello en dos ocasiones y hasta le pegué un bofetón por bruto, lo cual hizo que se empalmara como el gran masoquista que era.
Atisbé que se estaba empezando a magrear el rabo y le grité:
- ¿Quién te ha dado el permiso para que te acaricies a ti mismo?
- Disculpe ama, no sucederá más. ¿Me quieres castigar?
- No quiero que hables, sólo que me digas lo que hemos acordado antes. Lo que si quiero ver la calidad de polla que tienes así que te toca quitarte los pantalones que llevas ahí medio desabrochados. Seguro que no te ha crecido desde 4º o es un perdigón enano.
No medió palabra e hizo lo que le pedí. Me confundí en mis predicciones. Iván contaba con unas dimensiones más que aceptables, llegaría fijo a los 18 cms y de diámetro se aproximaría a los 10 o más. Una fenomenal polla que debía ser aprovechada pero ¡no! El estaba cumpliendo su papel y tendría derecho a disfrutarme de la manera que estaba deseando. ¿Cómo debería quitarme la idea de la cabeza?
Le obligué a que siguiera su camino comiendo desde mis tetas a mi coño, porque de lo bien que me hacía sentir, se había merecido probar mi auténtico manjar. Besó mis muslos e ingles haciendo circulitos con la lengua y me baboseó el coño como si tuviera que comer de ahí. Le oí gemir con un “uhmmmm” y le tiré nuevamente hacia atrás.
- No tienes permitido emitir ningún sonido de placer, tienes que callártelos todos.
Asintió y siguió con su faena. Mi sexo lubricado lo recibió con suma alegría. Su boca amaestrada sabía jugar muy bien con mis labios y clítoris. Abrió mis labios con sus dedos y se adentró hacia mi agujerito con su lengua.
Me estaba follando literalmente su rica lengua a la vez que presionaba mi botoncito con el pulgar. Noté que iba a estallar de un momento a otro.
Afortunadamente tenía su polla como un mástil. Esta vez le rogué que parara de lamerme y que me follara con fuerza, que merecía correrme con su falo clavándose en mí. Primero me colocó en mi postura favorita y me acarició con su polla mi zona más placentera.
Mi conejito estaba la mar de mojado y lubricado con sus babas de perro obediente. Costó un poquito holgarlo por su envergadura, algo que me vuelve loca.
Sentir a un hombre empujando contra mí es una de las formas que me hacen tocar las manos con el cielo. Más en aquella ocasión, siendo el único momento en el que me sentí presa de quien había sido mi “víctima”.
La metió un poquito y luego toda de un golpe. Hacía circulitos y yo soltaba auténticos alaridos de gusto. Así, a cuatro patas, sentí el mejor orgasmo en varios meses aunque paré pronto para que él no se viniera conmigo. Y así fue.
Brindé mis pies para que los masajeara y se relajara, que hasta ahí había sido por esa noche. Le concedí permiso nuevamente para conversar sobre lo que había sentido y que me guiará con sus consejos de veterano.
Quién sabe si algún día cambiamos papeles o se junta su esposa… por ahora prefiero vivir el día a día.
NOTA: Esto que os relato proviene de aquí --> Diario del 17 de agosto.